sino todo lo contrario. El título de esta bitácora es una cita de Ralph Waldo Emerson, poeta y pensador estadounidense que ya lleva más de 120 añitos criando malvas. Ésta es su mejor cita.
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Jueves, 15 de diciembre de 2005
Hace un frío que pela, aunque nada de nevadas colapsadoras. Aquí, pegado a mi sempiterna estufa catalítica de butano, me veo sorprendido por un sentimiento de bucólica melancolía, que con toda seguridad ha sido detonado por el cálido témpano de la música de Sigur Ros que en estos momentos invade toda mi caótica habitación.
Cuando estoy así, me da por ojear mis queridos papeles viejos, la mayoría libros de 2º mano, (también alguna revista) y a veces me encuentro con momentos únicos de sentimiento. Lo que ha motivado que piense en compartirlo contigo ha sido la lectura del siguiente texto:
Sí, odiar es mas fácil. La consigna evangélica tendría que ser, en nuestros días: "Odiaros los unos a los otros". Esto es lo que se deduce de una breve ojeada al panorama mundial: Los judíos odian a os árabes; los árabes odian a los judíos, los norvietnamitas odian a los survietnamitas y a los americanos; los survietnamitas odian a sus hermanos del norte, y así ad nauseam. ¡ Que mundo tan desdichado éste, sumido en el odio fácil, sin profetas que le hablen de amor ! Sus únicos profetas -falsos profetas- le hablan de odio, de venganza, de represalias, de destrucción. ¿Dónde están los Tolstói, los Gandhi, los Luther King? Cuando no murieron bajo las balas del odio que su amor había desencadenado, pasaron ya a la historia.
¿Nadie se ha percatado que con amor, con comprensión, muchos de los problemas que parecen más enconados y difíciles, se resolverían en un santiamén? Pues no: domina la mentalidad pueril de "buenos" y "malos"... a pesar de que no hay buenos ni malos. Es una simple cuestión de óptica. Para "el enemigo", los malos son los otros, y viceversa.
Sólo hay hombres en unos y otros bandos, hombres crispaos por el odio, que empuñan nerviosamente las armas. Y, últimamente -esto es lo más grave y doloroso-, hay también niños. ¡Qué tristes, qué lamentables son esas imágenes de niños hebreos, palestinos, árabes o norvietnamitas, empuñando metralletas o fusiles que apenas pueden sostener en sus manecitas! Y en la misma tierra por dónde anduvo el Cristo, es donde los niños -dejad que los niños se acerquen a Mí-, empuñan ahora las armas... ¡Qué paradoja, qué sangrienta paradoja ésta!
Ya nadie habla el lenguaje del amor, de la paz, de la mutua comprensión. Los jóvenes contestatarios se encasillan en su contestación y los poderes públicos se les oponen por la fuerza, que desencadena la violencia de aquellos. Sus miniprofetas -pues también hay miniprofetas- les predican el nihilismo más trasnochado, desempolvando viejos y apolillados textos de Kropotkin y Bakunin que estremecían de gozo ácrata a nuestros abuelos menestrales del siglo XIX. ¿Por qué no desempolvan también textos de Tolstói, de Buda o de Jesús? A su manera -mejor manera- , esos señores habían resuelto también la cuestión social, y otras cuestiones mucho más trascendentales... Pero los profetas de hoy se llaman Arafat, Nasser, Dayan..., falsos profetas, pregoneros del odio, ocultadores de la verdad. Ellos son los que hubieran podido dictar este mandamiento satánico: "Odiarás a tu vecino; no intentarás vivir amigablemente con él; por el contrario lo perseguirás implacablemente y lo matarás allá donde esté."
¿No es ése el trasfondo de tantas y tantas arengas inflamadas por el odio que nos distribuyen todos los días las agencias de noticias mundiales? Odiar, evidentemente es más fácil. Amar requiere un esfuerzo, un deseo de comprender al "otro", un intento para justificar acciones ajenas..., generosidad y también inteligencia. Y el fanático no es inteligente, por regla general.
Pero la solución, -la única y profunda solución- sólo puede venir del amor.. que equivale a comprensión.
Antonio Ribera escribió lo que acabas de leer, como editorial del Nº 11 de la revista Horizonte, correspondiente a los meses de Julio-Agosto de 1970. Treinta y cinco años más tarde, tan sólo hay que cambiar el nombre de algún país o personaje para empezar a notar un nudo de rabia en el estómago.
Por: Pol | Me lo estoy pensando | Comentarios (0) | Referencias (0)